MULITA


1 Alfajor triple



Me prendió el pucho y me lo dió con el filtro mojado “¡Pará! Ésto es un asco!” le dije fumándolo. Se me cagó de risa y supe que lo había hecho a propósito. Nos teníamos ganas, y él sabía que yo sabía y yo sabía que él sabía, pero siempre andaba por ahí su mujer trayendo hijos suyos al mundo. aparte, compartíamos apellido. Mi primo me hablaba de plata viendo tele en el sofá. Se sacaba los zapatos y prendía cigarrillos, cuando no había nadie cerca, me daba plata para que vaya a comprarle merca a lo del Negro. La primera vez fuimos juntos y me hizo esperar adentro del auto en la vereda. Estaba aburrida de jugar con las cosas de la guantera cuando salieron y siguieron hablando en la puerta. Mi primo me hizo un gesto para que bajara el vidrio, el Negro me miró y dijo algo mirando para la esquina, como esperando que viniera, o mejor, que no viniera alguien. El Negro vivía a diez cuadras y tenía que ir de día, era la única recomendación, así que a veces iba después del colegio. Cuando fui sola, fue como la primera vez que iba sola a comprar al almacén. Pero esta vez no hubo vuelto, hubo un paquetito que puse con las carpetas en mi mochila, le até el cordón y le pedí pasar al baño, quería entrar en confianza y conocer la casa. Había pelos en el resumidero.

Otra vez fui y me llevó a la pieza, estaba con su chica, ella era linda y le prestaba la concha. Yo miré la cama tendida con un acolchado de plástico, tenía el respaldar desvencijado con figuritas pegadas, una imagen del Gauchito y otra de los piratas. Ella estaba ahí con un shorcito metido en el culo cuando hacía un frío de cagarse. Yo no quería volver a salir, ni volver a mi casa, así que me senté en la cama al lado de ella y le pedí un pucho. Ellos se miraron y medio que se rieron, pero ella le pidió los puchos al negro y me acercaron el encendedor y el cenicero también. Le miré un rato la panza porque estaba tirada ahí al lado mio y le pregunté si estaba embarazada. De nuevo se miraron y se cagaron de risa, la mina como que me dijo que no, que nada que ver y el Negro me miró como diciendo – si querés te hago uno - y al mismo tiempo me decía que me vaya ahora mismo y se acercó a la puerta y me dijo que le mande saludos al Mauri.

Yo quería volver al otro día, así que fui a darle el paquetito a mi primo y que me vuelva a dar plata. Pero no estaba, le dejé el paquetito en el botiquin del baño, adentro de un frasco de talco azul que no tenía nada, o a veces tenía porro. Yo no tenía plata y quedaba mal volver tan pronto, no se, pasó como un mes hasta que fui a lo de mi primo, porque aunque no me había mandado a llamar, yo ya lo quería ver al Negro. No dejaba de pensar en él desde que me miró así con una gila al lado y ese tufo tan azul de su pieza. Seguro había mugre abajo de la cama, y miedo también.

Mi primo me dijo que ni ahí, que no tenía que ir más, que le daba miedo meterme en eso a mi. Yo me perseguí porque él le haya dicho algo y fui insistente. Me tenía que decir si el Negro le dijo algo de mí, si era el Negro el que no quería que yo fuera. Ahí el culiado me dijo que no, que había sido al revés, que el Negro había dicho que vaya yo, que me quería ver. Pero empezó a batir que él no me dejaba, que no quería que yo estuviera con un diler, que era cualquiera y que era una pendeja puta de mierda cabeza, y que cabeza iba a quedar para siempre si me metía con esa gente de mierda.

Yo le dije que gente de mierda era él, que se patinaba la plata en webadas en vez de ponerla en la casa y en la familia y se lo dije agarrándole el celular nuevo y tirándolo contra el piso porque no estaba la Ariana ni los chicos. Él se enojó y se contuvo de pegarme pero me agarró el brazo tan fuerte que me dejó todos los dedos marcados y me dolió, pero yo aguantaba y lo miré a los ojos y le dije – soltame puto!, me soltó y le pedí plata. Él levantó el celular del piso y como no se había roto se quedó más tranquilo, me dio un billete de quinientos y me dijo que le traiga por trescientos y que no pelotudee. Así que aunque era de noche, y yo andaba con la ropa de gimnasia del contraturno me fui para allá caminando, no hacía tanto frío. Paré en el quiosco y me compré un atado de diez y un alfajor triple, taba cagada de hambre. Cuando se me acabó el alfajor y faltaban cinco cuadras se me ocurrió hacer un conjuro para que el Negro esté solo y me quiera coger, era algo así como seguir la linea de las baldosas y cada diez pasos hacer uno para atrás. Perseguía una linea imaginaria y cuando cruzaba la calle igual hacía el puto pasito para atrás. Era como un juego, era un juego y me lo creía.

Llegué a lo del Negro y me latía el corazón y el perfume. Me abrió una vieja y me dijo que ahí me lo llamaba y volvió a cerrar la puerta. Al rato salió el Negro y yo estaba sentada en la verja, me tocó el pelo para que me de vuelta y yo recién había prendido un pucho así que le hice un gesto con la mano. Me dijo que pasara igual y me gustó. Fuimos hasta la pieza y estábamos solos. Le pedí los trescientos y le di el billete. Él armó un porro y lo prendió, nunca había fumado, así que no se si me pegó, pero él me empezó a mostrar unos discos de unas bandas de otros barrios y me contaba que conocía a todos los músicos. Me pareció poderoso, pero me sentía incómoda y me dolía la panza, así que le pedí la merca y se puso con eso. Me miró cuando me la dió y me acerqué con el cachete para darle un beso, de saludo. Él me abrazó y me acompañó afuera, pasamos por el pasillo y nos dimos otro beso en el cachete cuando nos despedimos en la vereda.

Volví corriendo a lo de mi primo como para que viera que no había pasado nada y me dejara en paz, después le pedí que me llevara, que mi vieja se iba a preocupar. Cuando estacionó frente a mi casa, el pelotudo me puso una mano entre las piernas y yo sentí todo lo que quería sentir desde que nací mujer. Una oleada muy fuerte que se expandió en el pecho como sacándome el corazón para afuera, pero le saqué la mano y le dije que era un pajero y le di un bollo con el puño cerrado, pero creo que nos dolió igual a él que a mi. Me bajé del auto y le mostré los doscientos pesos del vuelto y me los guardé de nuevo en el bolsillo. “¡Puto!” le grité cuando arrancó el auto.

No dejaba de pensar en el Negro, así que le caí un viernes a la siesta, en vez de ir a la escuela. Me hizo pasar mirando por encima de mi cabeza hacia la esquina. Yo no sabía que iba a decirle, tenía solo quince pesos y el abono. No tenía puchos, ni el forro que siempre tengo en la mochila, porque se lo había dado a la Victoria que andaba de vuelta tomando esos yuyos de mierda, preocupada porque no le venía. “Esta es la que va boluda!” le dije y se lo metí en la cartuchera de prepo. Mientras yo pensaba en la cara triste de la Vicky, el Negro me sacó la mochila y se sentó en la cama. “¿Qué buscás?” me dijo, yo entendí que no era una pregunta, si no una proposición y le dije que lo buscaba a él y que yo cogía pero con forro. Él loco se rio y dijo que iba muy rápido y que era muy pendeja para eso. Yo no sabía como volver atrás, ni como salir de ahí corriendo, así que me saqué las zapatillas y me acosté en la cama. “¡Tas zarpada!” me dijo, y cogimos re lindo y con amor, él se puso forro y me hizo algo que no me habían hecho nunca, se mojó los dedos con mucha saliva y me la puso en la concha mientras me acariciaba, zarpado!. Acabamos, yo me até el pelo y pasé al baño. Sabía que tenía que volver y despedirme, pero me daba vergüenza y aproveché que él estaba en el comedor hablando por teléfono, para sacar la mochila de la pieza y encaré para la puerta de la calle. Cuando estaba girando la llave, pensé que estaba saliendo todo bien, que no se había dado cuenta y que era lo que yo quería, pero cuando me alejaba como media cuadra, me agarró un bajón y no dejaba de sentirme como una pelotuda sin vuelta atrás. Así que fui a lo de mi primo. Él volvía del trabajo y tenía cara de cansado, la Ariana le estaba cebando mates. Les dije que parecían unos viejos y que si querían les iba a buscar una cerveza, el loco no me dijo nada, pero puso rock en el teléfono y me pasó un rollito de plata mientras me guiñaba el ojo. Volvé después, me dijo.

Yo estaba en la puerta de lo de mi primo con la escusa perfecta en el bolsillo y un agujero en la panza. Podía volver a lo del Negro ahí mismo y el vértigo me comía desde adentro, como un agujero negro hasta quedar dada vuelta como una media. Cada uno maneja sus drogas, y yo estaba jugando con esa, la mierda más poderosa, endorfinas, que me helaban la nuca y el futuro, un jaque al mate, pero no daba para volver, dar el paso atrás, y me fui a mi casa.







2 Las casas



Un día que iba para lo del Negro desde la esquina veo un patrullero en la puerta de su casa. Tuve tanto miedo que disparé para Las casas. Conocí Las casas antes de que se muriera la Vicky, porque andábamos siguiéndole el rastro al Wily para que la ayudara con lo del aborto porque ella se lo iba a hacer de cualquier forma. Un día me dijo que el Wily iba a Las casas porque tenía amigos ahí. Yo le pedí al Negro que me acompañara porque me daba miedo ir sola y fue como nuestra primer salida de novios. El Negro no tenía idea de lo que era Las casas y tampoco lo conocía al Wily, la Vicky era de otro palo, pero era mi amiga y como ya se habían agarrado a las piñas con el Willy le dije que iba a ir a hablarle yo. Llegamos y había una puerta de reja sin llave atada con una cadena y un pasillo largo, en esa que entramos viene de adentro un pibe que pasó mirando el piso y ni nos registró, pero tuvimos que hacernos contra la pared para que pasara y ahí me agarró más cagaso y como yo iba primero le pedí al Negro que pasara adelante. Adentro había un patio chiquito y varias piezas cerradas, eran como las tres de la tarde, no había nadie. Yo me asomé un poco a otro pasillo que daba a un patio más grande atrás y le hice señas al Negro, había una gente y me quería acercar, él me hizo un gesto de paja y avancé sola. Los chicos me dijeron que ni idea del Wily y que no andaba por ahí. Yo los miré un rato y no dije nada. Quería ser como ellos y estar ahí, sentada en ese patio abandonado entre botellas de vidrio rotas y la mirada perdida. Me rescaté y volví con el Negro, pero no estaba en el patiecito y seguí para la calle. Él había salido y me esperaba sentado al frente, me dijo que conocía a una señora donde podía ir la Viky y esa vieja cobraba poco, pero era a su suerte. Nadie tiene la vida comprada, pero nosotros la regalamos. Tenemos tanta, vamos por ahí derrochando vida a dos manos, se nos cae de los bolsillos como las tukas o las monedas. Se fue la Vicky derrochada como el agua del cielo. Llovía un montón cuando me enteré que la Viky se había muerto y me fui igual para su casa, me fui corriendo pensando en eso, viendo el agua correr por las calles como un río y los desagües tapados de basura pero tragando, tragando agua y mugre, rapidísimo se iba todo por ahí, me imaginé chiquita entrando por ahí, yéndome por la alcantarilla como un bicho con cola y ese vértigo me llamaba. Me puse al frente de uno de esas entradas de agua en el cordón de la avenida, no pasaban autos ni nada, venía agua, entraba mucha agua y yo ahí parada, haciendo fuerza para que no me llevara, para que no me metiera en el desagüe, no me arrastrara. Taba empapada y tuve que sostenerme del cordón para sacar las piernas del agua y cuando seguí caminando me dolían, como golpeadas.

Llegué a la casa de la Vicky y había una tía que no lloraba y me dejó pasar. Me dijo que sí, y que fue por que en el hospital no la atendieron y que se volvió a la casa. Se tomó como veinte pastillas y la encontraron en la cama desangrada y que ya no hicieron nada en el hospital y ahora es llenar papeles bajo amenaza y que no llegue a ir porque la mamá está mal porque si yo sabía le tendría que haber avisado y no ser tan pendeja culiada. Ahí me fui para lo del Negro llorando, pero me atendió desde la ventana, había dejado de llover pero yo estaba toda mojada, no me dio cabida y me dijo que cayera otro día, yo le hice fakiu y él cerró la persiana, le grité que la Vicky se había muerto, que me dejara pasar y me senté en la vereda y lo esperé, pero no salió, y me volví a mi casa. No fui al colegio por una semana, mi mamá mandó una nota en el cuaderno de comunicados inventando una historia de que había viajado con mi papá que vivía en Uruguay para que me justifiquen las faltas. Volví a la escuela y la preceptora leyó la nota y me sonrió medio llorando, se secó los ojos y no dijimos nada. Nadie dijo nada, ni me preguntaron nada. El Negro era un culiado pero lo necesitaba, de ir con él sacaba algo de plata. Fui para el mandado y me agitó que me quedara, que lo disculpara pero no podía darme bola ese día porque estaba con la Guadalupe. Yo le dije que todo bien, pero que no podía quedarme y que quería un faso y se lo iba a pagar. Él me lo armó y me lo dio pero no me quiso cobrar. Me abrazó hasta la puerta y me dio un beso aunque yo le sacaba la cara. Ahí me fui a Las casas por segunda vez, a ver si había alguien, aunque sea el puto del Wily para quemar el porro y enganchar la onda que a la Viky le gustaba, o yo pensaba eso y me servía como coartada. El Wily no estaba, le quería decir que la Vicky lo llamaba y que se acuerde de que la Vicky siempre lo llamaba. Se lo escribí en un papelito para dejarlo ahí en algún lado, pero no encontré donde y se me perdió, después lo encontré en mi casa, en el bolsillo del yean y cuando lo leí me pareció tan fuerte que lo quemé y lo dejé hecho cenizas ahí con la mugre del piso de mi pieza. Esa vez, en Las casas, conocí a Enzo, le convidé el porro apenas se me acercó, yo estaba en el patio grande abajo de un árbol, me preguntó por alguien y supe que no era de ahí, igual que yo. Se sentó al lado mio y fumamos, me puse mal por el porro y por lo de la Viky, por el puto del Negro y Enzo estaba al lado y empezamos a chapar, le conté de mi amiga, de mi historia y él no me contó nada, pero como un angelito estaba ahí, al lado mio. Me acompañó caminando a mi casa y no entendía que no lo dejara pasar, ni me creía que tenía dieciséis años, le dije que mi vieja ya venía y que no quería meterme en un bardo. Le dije que nos viéramos en Las casas el jueves, que yo iba a ir como a las cuatro, me señaló la tuka, que se la regalé, y me dijo que la guardaba para cuando nos veamos. Me quedé mejor pero con ganas de jugarle al Negro esa carta, por culiado, acá ando con otro pibe fumándonos tu porro, se iba a poner indio y no me iba a dejar más regalada por la Guadalupe del orto, negra culiada. Así que el jueves fui a lo del Negro primero, y si me lo curtía no iba a ir nada a Las casas, pero llegando a la esquina veo en la puerta de la casa del Negro la cap y me agarró un cagaso y empecé a correr y llegué a Las Casas como en cinco minutos y eso que son como treinta cuadras. Ahí no había nadie, pero me metí en un baño y me sentí como en mi casa, era un lugar sucio pero decente y colgué ahí hasta que tocaron la puerta, quién era, el Enzo, yo lo abracé y le dije que me había perseguido la cana. No sé porqué le batí esa, cualquiera mentirle así pensaba, mientras seguía inventando, toda acelerada, asustada, y me lo imaginé al Negro esposado, apuntado por la espalda, le decía al Enzo que estaba en lo del diler y que justo cayó la cana, pateando la puerta y entraron a la casa con escopetas, y que yo había podido escaparme por la ventana. Yo no podía creer porque me salían tantas mentiras de la boca, hasta que me ví en el reflejo de una ventana, toda asustada y transpirada, me vi haciendo gestos, contándole al Enzo, agarrándome la cabeza y mostrándole la marca en el brazo, un raspón sangrando que me había hecho saltando las tapias y me veo el brazo y tal cual y ahí no entendía nada, y si lo que decía era verdad, tenía que estar la merca de mi primo o alguna tranza que el Negro me mandaba en la mochila, y sí, ahí estaba. un paquetito armado con basura de cuarta que yo no saqué de mi casa, así que fue una flasheada. como que me comí un viaje de asustada, para mi era mentira y en realidad pasaba, como por arriba me pasaba. sin saberlo, como el agua en el desagüe, como por encima, sin donde agarrarme.





3 La bici



Enzo me vino a buscar en bici, yo estaba sentada en la puerta de mi casa y él todo el tiempo arriba de la bici, saltaba el cordón, tomaba envión y hacía willy, yo me estaba aburriendo y me iba para adentro, cuando el loco me pidió que diéramos una vuelta, que fuéramos a su casa. Yo no quería coger porque estaba menstruando y me dolía un poco, así que no me convenció y ya estaba adentro de mi casa cuando me dijo que vaya, que me prestaba la bici de su hermana y nos íbamos al parque de los héroes. No me acordaba cuando fue la última vez que anduve en bicicleta, tuve una cuando era chiquita. Ahí me entusiasmé más y me fui a cambiar la toallita. Salí y le pedí manejar su bici, di una vuelta por la cuadra y cuando estaba en la esquina apareció el auto de mi primo por la otra, re fuerte y frenó en mi casa. Yo me quedé piola medio escondida. Él se bajó y golpeo la puerta con toda, él sabe que a esa hora estoy sola en la casa. Sentí miedo. Recién cuando se volvía para el auto lo vio al Enzo y vi que se decían algo y que el loco le señalaba la puerta de la casa y agitaba. Arrancó el auto y salió marcha atrás, al palo. Yo no sé, miré para arriba y encaré para el otro lado, se me abrió la calle como en un video juego donde tenía que seguir para adelante y sumar puntos. Frené frente a Enzo en mi casa y le dije que me llevara. Me acomodé en el caño mientras él pedaleaba. Era primavera y había un pibe atrás mio agarrándome de los hombros, haciendo equilibrio. Llegamos a su casa y me hizo pasar. tenía los pisos limpios. vivía con la mamá y la hermana que no estaban. ¿Qué hacías vos en Las Casas?, le pregunté en la cocina, mientras tomábamos agua. Fue un tipo a tu casa, me dijo, justo cuando vos andabas con la bici. Ah, mi primo es, qué te dijo, le pregunté. - Que no te hagas la boluda y que el Negro lo está agitando porque no le pagaste lo de la otra ves. Yo hice un gesto de no entender y realmente no entendía. Me lo imaginaba al Negro preso y me puse contenta de que no estuviera en cana. Vamos a andar en bici le dije, pero el me llevó hasta la pieza y me empezó a agitar, yo no quería pero chapamos un rato. Se estaba haciendo de noche y yo seguía con ganas de andar en bici, así que se la chupé y me prestó la bici de su hermana que estaba buenísima con cambios y salimos a andar por su barrio, yo quería seguir, ir al parque y el chabón que volviéramos, yo hice el amague de seguirlo pero avancé rápido y doblé en la esquina, encaré para lo del Negro, sin mirar para atrás, lo más rápido que me daban las piernas. Llegué transpirada y contenta, el Negro salió apenas me vio por la ventana, me agarró de la nuca y me metió en su casa. Me dijo que me deje de andar de lokita y que le de la plata del Mauri, que no quería rollos con él. Yo sentía que seguía pedaleando y que la noche y el calor me agitaban. Entré la bici y me metí en su pieza y empecé a desnudarme. Sentí que realmente lo amaba. Cuando me metió el pito y cuando terminamos nos miramos a los ojos, no sabía qué decirle de todo lo que pensaba, que lo extrañaba, que lo quería, que estaba preocupada por él. Él me dijo que me había extrañado y yo la flashee con eso y me largué a llorar. Ahí el loco se corrió y me empezó a bardear con lo de la plata. Yo me arreglé y le dije que tenía todo en mi casa y que me acompañara que se lo daba ahí mismo. Me dijo que no, que vaya y venga al toque y que no quería tranzar más con migo porque estaba faltándole el respeto y que tenía madera de cagadora, yo no sé qué es eso, pero me dijo así, madera. Él es de madera. Después me echó a la calle a los empujones y me cerró la puerta. Yo le empecé a golpear la puerta porque no me había dejado sacar la bici. Al rato abrió y salió con la bici y se puso a andar, yo le dije que era un loco y que me la devolviera, que no era mía. El culiado se iba como una cuadra y yo a los gritos. Él también disfrutaba de andar, pero volvió mirándome mal y me pegó en la cara. -Acá no se grita mamita- me dijo. Me quedé hecha bosta con dolor y bronca y le tironee la bici y él no me la daba. Me dijo que me subiera, que me llevaba, y ahí volvía yo, con un fantasma agarrándome de los hombros. Le pedí que me esperara afuera, entré a mi casa y estaba la tele prendida, como siempre, entré a mi pieza y agarré toda la plata que tenía en el joyerito del placard. No sabía lo que el Negro me estaba pidiendo, no tenía idea de sus cuentas ni de cuanto le debía. Salí y el Negro no estaba. Pensé si esa plata me alcanzaba para devolverle la bici al Enzo. Seguro que no. Pensé que era normal, que si yo se la había sacado al Enzo, que alguien me la saque a mi. No tenía ganas de agitarlo al Negro en su casa y me quedé quieta, parada en la puerta con el rollito de billetes en la mano. Estaba por entrar cuando apareció. Le dí toda la plata.- No quiero saber nada con vos, le dije. Él contó la plata y me dio un poco, eso es tuyo o del Mauri. Me quiso dar un beso y lo saqué, andá hacete culiar, le dije. El chabón no se bajaba de la bici y yo me estaba poniendo nerviosa, le volví a decir que no era mía que me la devolviera. Me dijo que lo acompañara a la villa que la hacíamos plata. Le dije que era un culiado y que no quería hacerla plata, que la tenía que devolver. Igual me subí. Estábamos cerca de su casa y de nuevo la cana, así que se fue para otro lado y terminamos en el río. Bajamos un poco y nos metimos en uno de esos túneles enormes de desagüe, yo entraba parada y metimos la bici también. Nos dimos unos besos y él me contó que se metía ahí siempre de chico, y que siempre había gente. Seguimos caminando y me di cuenta de que andábamos por debajo de las calles y le pedí subirme a cococho para ver para afuera por un desagüe del cordón. Justo pasaba una bici con un tipo llevando a una minita en el caño. Cuando bajé de su espalda, le dije que ahí pasábamos nosotros en la bici. Él me dio un beso en la frente. Le vi la cara con las luces subterráneas y no era el Negro, era otra persona. Tampoco yo era yo. Tenía como un vestido y unas pulseras doradas que hacían ruido. Miré a los costados y había más gente, sentada o dormida, había unas cuantas antorchas prendidas y una especie de música que venía de lejos, el olor se transformó, era rico, un aire más denso. Seguíamos a un paso suave atravesando túneles y pasajes, caminábamos entre gente vestida como nosotros, adornada, mujeres con trenzas y niños que dormían, sentía que veía como más claro que arriba, seguíamos bajando y él me llevaba de la mano. Llegamos hasta una laguna subterránea, un nodo de túneles, el agua era limpia y brillaba, el aire era menos pesado ahí. Nos sentamos frente a frente cerca del agua. Airiej le dije, sin saber qué pronunciaba, él me agarró las dos manos y me las junto como un cuenco y me ponía agua de la laguna, mientras me miraba a los ojos y sonreía, me hablaba en un idioma que nunca había escuchado, ya comenzó, me decía.



4 Dibujos



-Me gritaste ¡corré!! y yo no paré, re loca, por las alcantarillas a veces estabas adelante mío, otras veces sentía que me tocabas la espalda. Empezaste a gritar ¡Valentina Valentina! Estabas asustado y yo te seguía sin ver, hasta que me caí o me tiré y me di cuenta que estaba toda mojada, hasta el pelo, y te dije que paremos que nos habíamos perdido y que te tranquilizaras para pensarla un toque.

Enzo me persiguió un par de veces hasta que no vino más a mi casa y yo no lo volví a ver. El chabón me venía a pedir la bici y yo no la recuperé nunca. No fue por el Negro, pasa que salimos por una calle como a veinte cuadras del río, de donde estaba la bici y yo estaba toda mojada y el Negro así que lo llevé hasta su casa. Fuimos caminando, estaba por hacerse de día, yo pensaba que mi vieja me iba a cagar a pedos pero lo único que quería era meterme en mi cama así que lo dejé al Negro en la esquina y me fui a la mierda.

_ Sé que querés hablar de eso chabona pero si te lo pido es para que no me comas el coco de nuevo con la pelotudez mamita.

Sé que volví temblando a mi casa y con pedacitos de mi carne como cosa cochina debajo de la suela de los borcegos pero algo brillaba con esas antorchas que le ganaban a la oscuridad.

Tengo miedo, pero quiero meterme de nuevo por los desagües. Sé que son un asco y están llenos de mierda pero el Negro salió gritando Valentina y yo hablaba en otro idioma. El Negro no me convida más de eso y no me quiere acompañar abajo, pero yo se que Valentina es el nombre de su angelita y que tuvo miedo porque vio lo mismo que yo y no sabía como salir. Yo le buscaba los ojos, pero no me podía mirar y lloraba. Es que es un pendejo y se hace el grande, aparte es más grande y si me da cabida se enamora y la va a tener que dejar a la Guadalupe y eso no le conviene porque la chabona lo banca con la moneda cuando el culiado paga de más lo que no es suyo encima.

Estuve pensando en lo que nos pasó allá abajo y me puse a hacer unos dibujos, tan buenos porque dice mi mamá que siempre dibujé bien, era de noche y me senté en el piso de mi pieza, con una colcha como alfombra y como me molestaba la luz del techo la apagué y me fui a buscar unas velas que mi mamá guarda en el modular, volvía con la vela prendida y entro a mi pieza. cuando me agacho para pegar la vela en el piso me fijo o la sentí primero no se, estaba ahí la chabona de los túneles, como con ese vestido y en las manos tenía como una lana, unos hilos no se, estaba como arrodillada mirándose las manos o el hilo ese, no se, me dio impresión pero no me asusté, me levanté y prendí la luz para que se me fuera. Me puse a dibujar después un poco pero nada que ver y me metí en la cama. No le quiero contar a mi mamá y como sé que la Ariana anda con todo eso de los santos me fui a lo de mi primo a preguntarle a ella. Me dijo que no tuviera miedo y que si no lo siento feo o como oscuro es porque me están cuidando y que capaz que es por lo de mi amiga. Yo no la vi parecida a la Victoria y ni pensé en ella, pero creo que se me aparece para que yo la cuide, porque no se da cuenta ella. El otro día la llamé y prometí que si venía me iba a meter por el río, por que cuando fui a ver si estaba la bici de la hermana del Enzo no me animé a entrar y tenía poco tiempo porque mi mamá quiere que vuelva después de la escuela, pero no vino, igual voy a ir, este domingo, que es pascua.



5 Veredas



Un día iba caminando cerca del colegio y pasa en un auto el Negro con unos tipos, venían despacio y él me miró, pero no me animé a saludarlo para no quedar de pelotuda, así que medio que miré para el piso, no sé. Seguí por la vereda y me dí vuelta para ver, doblaron. Creo que algo sentí, que me tenía que esconder, hasta me acuerdo que miré la casa por donde pasaba a ver si me podía meter en algún lado, pero no le di bola ya medio que era la hora y me faltaban tres cuadras.

Ahí va que vienen de nuevo y me frenan un cachito más adelante. Tarde, me dije. -Subí, me dijo un tipo que iba atrás y abrió la puerta desde adentro, yo seguí sin hacer caso y el que manejaba le dijo algo al Negro que iba al lado. El auto me seguía con la puerta abierta. Subí flaca, no pasa nada, acá está tu novio batió el loco. Yo estaba helada, lo miré al Negro y él hizo un gesto que conocía, me dió más miedo todavía. Subí al auto pensando en golpearlo y pegarle, gritarle braza de mierda, pajero pelotudo, pero entré y me senté sin mirar a nadie. Los tipos fumaban y subieron los vidrios.

Mi preceptora nos huele, cuando fumamos se da cuenta, a veces nos agarra las manos y nos huele, a veces hace un gesto de lejos sacudiendo la mano y con la Vicky nos entrábamos riendo. Se hacen las vivitas, nos decía y después por otras huevadas nos metió amonestaciones, por quedarnos en el aula en el recreo o algo del uniforme, yo se que es por fumar, me lo dijo. Si no tuvieras esa baranda mamita, zafabas, me dijo y me sacó empujando de la preceptoría. Yo pensaba que ahí en el auto, se me iba a pegar el olor a pucho, pero fue peor.

Doblaron la calle y el tipo empezó a agarrar velocidad, lo miré al Negro, pero ni se daba vuelta, culiado. Dieron unas vueltas y frenaron frente a unos galpones cerrados. El tipo al lado mio me pidió la mochila y el de adelante me dijo -no te preocupes flaqui, no vas a llegar tarde a la escuela, y se bajó del auto. Me saqué la mochila que la tenía puesta todavía y me acordé que no había agarrado la tarea de plástica, un bajón porque me había quedado lindo, y lo dejé secando. el tipo me la agarró y la pasó para adelante para que la agarre el Negro y el le empezó a sacar todas las cosas. Las dejaba entre sus piernas, el otro volvió con una bolsa grande del galpón, se metió al auto, se la tiró al Negro y volvimos a salir picando, el chabón me metió adentro de la mochila la bolsa y como que no entraba y tironeaba, en eso y andando a las chapas vuelve a frenar el auto y me dijeron que salga y que vaya directo a la escuela. Yo me bajé del auto y no sabía donde estaba, empecé a caminar rápido por la misma vereda pero volviendo de donde veníamos, y ahí el tipo me grita y me hace un gesto de qué mierda hacía y me señala al frente, que estaba la escuela y yo desorientada, ahí me di cuenta que tenía que cruzar, pero me señala la mochila que me la pasaba el Negro por la ventana, me la puse y crucé, cuando llegaba a la otra vereda el auto estaba arrancando y lo alcancé a mirar al Negro, lo miré raro como juntando las cejas, y el chabón también me hizo un gesto que entendí. Estaba muerto de miedo. levantó el dedo y se lo acercó a los labios, con el gesto de no hablar, de quedarse callado. Chito.

Llegué a la escuela y me abrieron, me hicieron firmar “otra llegada tarde y con olor a pucho”, me dijo, pero no era mi preceptora, todo bien. “Derecho al aula”, -tengo que ir al baño, me robaron- quise decir, y era cierto, pero era peor, así que chito, y encaré al aula pero seguí hasta el baño, de las de primero, abajo. Me metí en el último y me senté en el inodoro, justo tenía la tapa. Hice lo que hago siempre, ponerme a leer la puerta. Quería escribir, me entraron ganas de rayarla con trincheta, poner Negro culiado te... y no sabía si te odio, o te amo o los dos, pero no tenía nada, ni cartuchera, ni trincheta, ni nada, y estaba ahí, entre gorriadeses de las más pendejas de la escuela, que se pasaban de vivas, pero seguro que tampoco se animaban a meter la mano y ver que mierda tenían que cargar en la espalda como regalito del cielo. Me saqué el rosario del cuello, uno que me dio la Ariana y le agradecí, porque estaba ahí en la escuela y no el baúl del auto, pero igual no me animaba a ver que muerto me habían cargado y me envolví la mano con el collar de bolitas ese, como le decía yo, y la Ariana se reía, y me dejé el cristo en la palma, para desatar el nudo de la mochila. Nada, eso, yo sabía, merca, merca, bases, no se, huevadas, paquetes en bolsas negras selladas sin olor, todo sellado no lo abrí, pero al fondo otra bolsa pesada, pero más suelta mierda, ahí las toqué y ya sabía la gran verga en el orto culiado y que no estén cargadas, que tengan el seguro, sé que con estas bostas me queda el agujero en la espalda y no la cuento. Meto las bolsas de nuevo, las acomodo, entra todo con los caños adelante, sin tocarse. Ato el nudo de la mochila y me saco el rosario de la mano y me lo vuelvo a poner en el cuello. Se me engancha en el pelo, es gracioso, porque estaba tan tranquila metiendo todo en la mochila que es gracioso, me pongo histérica, con el pelo y el collar de mierda, sé que me duele pero me arranco el mechón de pelo que no se soltaba, y después lo arranco del rosario y lo tiro al piso y quiero pisar el puto mechón de pelo hijo de puta. salgo del baño con toda esa bronca y voy a los lavaderos, me mojo la cara, me acomodo de nuevo el pelo y me sobo lo peluca dolorida. Entra una pibita, miro hasta dónde va, y tal cual, al último, me le adelanto y le saco la mochila que quedó sobre el inodoro. Se que ella pidió permiso, y que la profe la espera de vuelta.

Yo voy al aula y estoy en el banco con la mochila entre las piernas, le pido una hoja al Maxi y un lápiz a Karen. En el recreo salgo al patio con la mochila encima, agarrada como un bebé. Cada vez me siento peor y en la última hora pido ir al baño. Voy corriendo con ganas de vomitar. No vomito, pero me quedo ahí, echándome agua en la nuca. Siento que sigo transpirando como adentro del auto. Suena el timbre y yo imagino que todos salen al palo, moviendo los bancos y que alguno de mis compañeros patea mi mochila y escucho un disparo, por suerte entra la Carmen y me mira piola, también se quiere ir empieza por los baños. Vuelvo al aula y quedan dos pendejas que me miran y dicen algo, conchudasas. Agarro la mochila y me voy a formar, bajan la bandera y yo que no me tengo en pie. Pesa el equipaje y yo siento que salgo de ahí para subirme a un bondi, irme del todo lejos, que ya es hora, que es el momento, que tengo todo y que total... Voy bajando la rampa con pendejos que corren y me empujan y es como en cámara lenta, yo no sé si a la salida van a estar los tipos o el Negro, si me va a dar para correr, o subirme al auto de nuevo. No hay nadie, espero. No viene nadie, espero y subo al bondi, pero  me bajo en mi parada, quiero ir a casa, ver como me quedó el dibujo, dijo el profe que todo bien, que me cree, que puedo llevarlo el jueves que viene y que tiene ganas de verlo. Es un copado.




6 Chito



Fue para mi cumpleaños, mi viejo me regaló un cachorrito de Pitbul y ahí va que se enojó mi mamá porque ella lo iba a tener que bancar, y era cierto, pero la chabona no aflojaba y yo como una pendeja llorando por el perro, por el pelotudo de mi viejo, porque cumplía años, no se, quería irme a la bosta, con perro y todo, para siempre. Así que me fui con el Pitbul presumiendo por el barrio y todos me miraban el regalito con ganas! Ja! Casi era de noche, tenía no más veinte pesos en el bolsillo del yin y las putas diez cuadras... se lo quería mostrar al Negro, y este que me había dicho que no fuera como por un mes, por lo menos, así no me fichaban de nuevo. Tenía que seguir chito, pensaba en eso y se me ocurrió ponerle así al perro, Chito y regalárselo al Negro, así me lo cuida, al Negro, Chito al Negro. Me fui a lo de mi primo para que se lo lleve él, por que me faltaban como veinte días hasta poder ir. Mi primo no estaba, y a la Ariana no le gustó ni medio que cayera con el perro, “en otra que anda la pendeja” le dijo al Mauri por teléfono. Me quedé esperándolo tomando mate y mirando la tele con mis sobrinos y el perro encima. Cuando llegó mi primo parece que había ido a mi casa,no sé, taba sacado y me tironeo hasta la vereda. - ¿Es por el perro? Me preguntó- Tu vieja está re mal que te vas así, que no le avisás a dónde. sos una culiada porque andas de engranaje con esos tipos...me decía, me seguía bardeando, y yo supe por qué, así que se la mamé un rato, no mentira, pero casi, por que le dije que entráramos al auto. Ahí le conté lo del Negro de la otra vez, lo del cana y el otro tipo que me mandaron a meter eso en la escuela y me escuchaba y se agarraba la cabeza. Al final metimos al perro en el auto, y nos fuimos a lo del Negro. Yo iba con el perro acostada en el asiento de atrás, para que no me vieran. iba mirando por la ventana adivinando dónde estaba. conocía el camino, pero era como ver todo de otra forma, los cables de la luz, los postes, los árboles, el cielo. En una me perdí y me asusté, me levanté y el Mauri me mandó a agachar. Faltaba poco, me agarró ansiedad, frenó el auto y yo le dije que le diga al Negro que venga al auto, y después que no, que no me vea. Me daba vergüenza ahí tirada con el perro, cualquiera. Se bajó el chabón y escuché que entraba a lo del Negro, yo seguía en el auto acostada con el perrito, me estaba encariñando, era como un bebé, en eso escucho la puerta y pienso que son ellos, para arreglarme me siento y no, no eran ellos, era el tipo del auto de la otra vez que me agarraron, el que iba al lado mio atrás, y me miró. Eso no tenía que pasar. Después que la repartija les quedó corta me culpaban ami. Yo sé que es la forma para tenerme agarrada de los huevos y pedirme favores para cobrarme lo que les debo, supuestamente. Son así de culiados, y yo paranoica no soy, pero el tipo se paró al lado del auto y me golpeaba la ventanilla con el dedo. Ahí salió el Negro con el Mauri como sabiendo, para mi que vieron desde adentro de la casa, y el Negro se me vino al humo, lo corrió al otro y abrió la puerta del auto y empezó a los gritos que qué te dije yo pendeja, que no me vengas a agitar más a mi casa y no se que más mierdas. yo estaba tan asustada que me salían las lágrimas y en esa el loco sigue pero más de cerca, como que se mete un poco al auto y yo empiezo a hablarle bajito con el perro en las manos, le digo que es mi cumpleaños y él se me acerca para darme un beso yo lo agarro del cuello de la remera y le meto la lengua por toda la boca. Después me saca y mira el perrito, le digo que se lo doy para que se cuiden, me lo agarra y sale del auto, le dice algo al Mauri y él entra rápido y pone en marcha el auto. Ahí  se queda el Negro parado, serio como siempre, con el pitbull en los brazos, mirando para otro lado, medio que diciéndole algo al otro tipo, nosotros arrancamos y yo me paso adelante por el medio de los asientos y me doy vuelta para verlo, me mira y hace un gesto, chau. Le metiste el perro, me dice mi primo.

Llegué a mi casa, bueno, a la casa de mi vieja, y aunque estaba cagada de hambre me metí en mi pieza, al otro día era lunes y tenía que ir al cole, seguro que tenía tarea, pero no me quería ni fijar, me había quedado caliente con el Negro y me tiré a la cama a hacerme la paja, me imaginaba que el loco venía y entraba por la ventana, pero no tengo ventana a la calle, no se, el loco se quedaba sentado en la ventana con el pito parado y yo me le subía agarrada de la cortina, el me frotaba el culo con el dedo, ese era un regalo de cumple, y no acá de pajera. Me dí vuelta y me quedé en la cama, con el almohadón en la pansa mirando la ventana. de verdad lo esperaba, era lo que más quería. ahí, entre que me iba durmiendo sentí que me estaban viendo, que me habían visto, que había alguien ahí mirando, prendí la luz de mi mesita y por un momento, no se, muy chiquito estaba en otro lugar, no era mi pieza, era más chica pero con las paredes bien altas, era un espacio todo gris, como de piedra, y tenía una ventana para el mismo lado que la tengo en mi pieza pero estaba más arriba, como que no llegaría a ver para afuera, sólo el cielo vería. De toque se fue eso, del todo, era mi pieza y no había nadie, pero fue tan loco que apagué la luz y me volví a acostar, a mirar la ventana, todo igual para que me volviera, sabía que era la chabona esa de la otra vez, que era de la chabona esa imagen, pensé que tenía que dibujarlo, que tenía que hacer algo con eso, pero me quedé mirando el cielo, la noche y justo empezó a aparecer la luna, estaba grande casi llena, fue como que se asomó, nos vimos y siguió, al rato no la vi más. me di vuelta y me dormí, en verdad me di vuelta, me hice otra paja y ahí me dormí.

Los Otros

Me manda a llamar el Negro. le digo que nos encontremos en los túneles frente al río. ahí me dice que quiere que tengamos un hijo y que nos vayamos a aires porque tiene un primo que nos va a dejar estar en su casa primero. me agarra algo muy fuerte en la panza y salgo del túnel para ir a hacer pis. Es de día todavía así que camino por el costado de la pared para encontrar un lugar entre los yuyos, más canuto. voy viendo en el suelo brillos, piedras blancas que brillan por el sol. me agacho para mear y me veo un poco manchada la bombacha, de nuevo con la sangre, así que todo bien. Vuelvo con el Negro y le chiflo para que me ayude a subir. En esa que me está tironeando veo a unos pibitos que vienen bardeando por el costado del río.
Subo y le digo al Negro que vamos. Sé que si no salgo ya para mi casa me voy a manchar toda. El chabón como que me quiere seguir hablando. Busco qué tengo en la mochila y por suerte hay papel, pero lo sigo escuchando y me meto el papel adentro de la manga del pulover. Se los siente cada vez más cerca a lo pibitos, están trepando y me voy a ayudarlos. Lo miro al Negro para que me siga y pone cara, ortiba. Yo lo ayudo a subir al primero y después suben todos. los miro, no los conozco pero son de mi edad o más chicos. Lo saludan al Negro. me doy cuenta de que vienen a fumar paco. El Negro les hace un gesto de que se vayan más al fondo y yo sin decirle nada me tiro afuera de nuevo, caigo bien pero con el salto me baja y ya sé que voy a andar manchada. el chabón me chifla, le grito que ya voy y le hago una seña de que se meta, así no me ve. me pongo el papel en la concha y vuelvo corriendo. No veo los brillos esta vez. El Negro me ayuda a subir y le digo que nos vayamos, encima hay que caminar. Le digo que le hago un hijo pero que me aguante unos añitos así se me crecen más las tetas. Se caga de risa y me las chupa. De nuevo se escuchan lo pibitos pero más lejos y él saca algo para cortar. Me convida y me pongo re loca, como sacada, y también como concentrada, ja, estoy segura de que puedo cortar la menstruación con la mente y no mancharme, jajaja. El chabón me empieza a hablar de que necesita plata para que nos vayamos. tira el filtro del pucho con un tinkaso y me dice que me necesita. Ahí se sienten los chicos como que vienen corriendo y se acercan. Yo me paro y me quedo contra la pared, el Negro como si nada, me quiere convencer de que lo haga por los dos. Yo se que no es por mí, ni por él, ni por el de arriba de él. Todos tienen miedo y yo veo quién es, en una imagen que me aparece como de una peli, de un tipo muy malo y mafioso. no se, están viniendo los chicos y dejan de correr para pasarnos. Yo los alcanzo a ver bien, porque estamos cerca de la salida y entra luz. No son los pibes de antes, estoy segura porque vi a los que entraron, son otros, son tres también pero son otros. Al Negro no le importa, me quiere explicar lo que tengo que hacer y yo me imagino que me pueden meter un tiro en la movida, así que no lo escucho, le agito que hay más gente adentro, que me acompañe a ver, que nos metamos por fa. El Negro quiere que le preste atención porque es mañana. Yo le digo que no, que ni bosta y que basta con eso, porque me tienen amenazada, ni me pagan y que son muy culiados porque me van a meter en una bolsa negra y no les va a importar un carajo a ninguno y eso se lo digo al chabón cuando lo miro a los ojos y le pego con el dedo en la cabeza, para que le entre y sepa que es feo porque me gustaría que me quiera mejor. Él dice que sí me quiere y le sigue, porque soy yo la que tiene que meterse cosas por el culo. Me dice que claro que arreglamos el monei y yo veo que él es un mono hablando así, pendejo. Le digo diez mil y él abre los ojos, no te vas a quedar corta, me dice. Diez mil y que nos metamos ahora a los túneles de nuevo, le retruco. El chabón me da un beso en la boca y me agarra la mano. Empezamos a correr hasta que no vemos donde estamos pisando.     


8 Botas Negras

Me parece que es la Muerte, la que me llama a seguir en lo oscuro por los túneles. A buscar lo que no está ahí. a buscar a los otros, los que ya no tienen miedo. Seguimos por el túnel y llegamos a un cruce con otro, hay una escalerita que da a una tapa un poco abierta en calle. Le digo al Negro que no sigamos, que no importa, que los pibes deben haber salido por ahí, que ya está. No aguanto el olor y me quiero ir. El Negro levanta la tapa y como no pasa nadie, salimos piola. Yo me subo riendo aunque después camino callada detrás de el loco, él también está embolado. -No sé que querés mami ahí adentro- me dice. se hace el boludo y yo también. le pregunto por Valentina. Si era bebé de la Guadalupe. Me dice que no y que no quiere hablar de eso. yo entiendo que le duele y cambia de tema. Me habla de lo que tengo que tener puesto mañana. me dice que me ponga algo corto para que se me note el tatuaje, y que me pinte, así parezco más grande. Es una fiesta y hay que montar un quiosco. él me esperaría afuera con el tipo de la otra vez y ya hablaron con uno de adentro. nos tenemos que poner cerca de los baños, o en el baño. Yo tengo que seguirla y ayudarla a la Pamela, que es una chica que llevan los otros, y que ella ya sabe. Es más grande. Que me ponga remera y botas. Le digo que no tengo botas y me dice que me vaya a comprar. Le pido plata y me dice que no tiene. Yo no quiero hacer nada, me quiero bajar y no le digo nada. Quedan dos cuadras para su casa que es antes de la mía y el desconfía que yo vaya mañana. Me invita a su casa para seguir trabajándome la cabeza pero yo tengo que pensar. Le pido hablar con la Pamela que si no ni bosta. Manda unos mensajes y me deja llamarla con su teléfono. Le digo que siga mientras yo me siento en la puerta de una casa. Escucho el tuuuuuuuu tuuuuu de cuando suena el teléfono. me atiende una chica. - Hola Xavi - me dice. Yo estoy por cortar porque me viene una ola de celos tremenda porque hay una mina que le dice Xavi a mi novio, pero sigo - hola ¿Pamela? Le digo. - si ¿quién es? pregunta onda nerviosa. - Soy la novia de Xavi. Me pidió que vaya a ayudarte mañana en la fiesta. ¿Cuánto te dan a vos?¿Con quién arreglo eso? Le agito directo. La mina como que no sabía qué decirme, se escuchaban del otro lado la vos de unos tipos. Me dijo que lo veíamos ahí y que no podía hablar ahora. Le devolví el teléfono al chabón y le dije que no iba a ir.
Ya estábamos en la esquina de su casa, pero el loco me seguía acompañando. Cuando me di cuenta que “me iba a llevar a mi casa” sentí que nos estábamos separando para siempre. Que si no avanzaba en el negocio, no le servía y que eso estaba muy bien.
- Igual vos vas a estar siempre en el filo de la muerte pendeja- me dijo y me abrazó. - Te gusta- me dijo y me dio un beso. Después se hacía el payaso y decía que el se iba a poner la mini con botas para traficar en la fiesta y me hacía cagar de risa haciéndose la mina por la calle.
Me chapó re fuerte en la esquina de mi casa y me abrazó como para siempre. Yo no respiraba por que me aguantaba las lágrimas y cuando doblé corrí tan rápido hasta mi casa llorando que sentía como las lágrimas se me secaban con el aire en la cara, no caían, si no que se abrían por los cachetes.
Así llegué a mi casa, me cambié y mi mamá me obligó a cenar con ellos. Estaba Hugo y me iban a dar un regalo. Había buena onda y me sentí tranquila porque no iba a haber preguntas. Comimos asado y ensalada. La tele estaba prendida y charlamos de los programas. Mi hermano me empezó a pegar patadas por debajo de la mesa por que me quería decir lo del regalo. Yo no sabía lo que era y no me daba tanta ansiedad, la verdad, quería tener tiempo para estar sola y llorar tranquila en mi casa. Hugo me dijo que me quería, como siempre. Me daba tanta vergüenza que un tipo grande me diga así. Que el tipo que se culiaba a mi vieja me diga así. Lo quería mandar a la mierda y cuando la miraba a mi mamá ella estaba sonriendo contenta, o mirando la tele. Les pregunté que mierda pasaba. -¿Regalo de qué? Les pregunté y como mi mala onda fue muy cortante mi vieja se puso más ortiba. -¡De cumpleaños! me dijo -Pero ya pasó! dije yo.- Bueno pero recién ahora tengo plata y es de parte de Hugo también. Eran unas botas negras con plataforma chetasas, estaban tan buenas que daban ganas de usarlas. adentro de las botas había plata. - para que salgas con la Viki- me dijo mi mamá. y yo sé que no se dio cuenta, sé que se confundió con la Mariana, porque yo le había contado que iba a salir con ella porque unos chicos que viven a la vuelta de su casa nos llevan en auto al deportivo. Pero en las botas, era el permiso, era la plata, y porque capáz que si era con la Viky con la que yo iba a salir mañana. No sabía lo que iba a hacer, pero saqué la plata de las botas y me la metí en el bolsillo, les dije gracias y mi mamá estaba sirviendo flan de postre así que me volví a sentar. Mi hermano se dió cuenta y sin mirarme le dijo a mi mamá que la Victoria
era mi amiga que se había muerto. - Ya sé quién es la Victoria dijo mi mamá, pero yo no dije la Viky, dije la Mariana. Yo dije que no importaba y me largué a llorar. Yo lloraba por el Negro creo, por la Viky también, no se, creo que por las botas lloraba. Por lo de las botas y lo de mañana. Y por el Negro que me había dicho chau como para siempre y las botas negras que me regalaban para salir con la Viky. Mi vieja me acompañó a la pieza y me preguntó si le quería contar algo.
Le quise contar que una vez Hugo me dejó la mano en el sillón cuando yo me iba a sentar y se que fue apropósito porque me levanté rápido y el culiado no la sacó, así que me vine para la pieza. fue una vez que ella ya estaba acostada. Pero no le dije nada. Si le decía eso, era porque les tenía bronca. Regalame otra cosa puta! le quería decir. No me vuelvas más puta! No ves que era lo que necesitaba para ir a trabajar mañana imbécil.
-Mañana me voy a trabajar – le dije – me ofrecieron de tarjetera en un boliche de Nueva Ciudad, un amigo del Mauri con el que estoy saliendo -le dije. No se como me salió contarle eso. Pero estaba bien contarle algo del Negro, aunque capaz estaba terminando, ya era tiempo. -No sabía que salías con alguien me dijo. Traelo a casa. - ¿Me dejás ir de tarjetera? Le pregunté. - Y... si te pagan... dijo, y se acercó a la puerta. - Tarjeteras son las lindas, cuidate- dijo, y se fue.    


¡Vamo que avanza mulita!!!
invito a corregir, comentar
y cuál "elije tu propia aventura"
proponer futuros para esta 
historia. Graciassssss!!
                                Juli.)

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