RATA PARDA


Julieta Barrantes

este libro nace en la resistencia
en medio de una loma, entre el monte serrano, 
intenta hermanarse a otras resistencias
que en todo el mundo lloran poesía y siembran flores.
 


 No voy a dejar latiendo esta palabra
que me hace o me entereza
voy a hacerla saberme
así deja de doler en mi piel
como una corteza
seca o extraída



Hogar de pájaros y de ríos
que en tu sabia suben al cielo
    Frondosa mora
tu enormidad molestó
   a esos hombres
                 chiquitos
tus ríos desbordan
dorando tu tronco gris
                 ramas mutiladas
no existe dolor
no existe dolor
no existe dolor
para raíces tan fuertes y ríos invisibles
para esos ojos pequeñitos, pobrecitos, laburantes.


FUMIGACIÓN 
 
Muéranse las ratas   muéranse todas
   en cada prueba de laboratorio
¡muéranse!  
si aguantan
tendremos que aguantar
los químicos de los ingenieros químicos
los tóxicos de los agrotóxicos.

Si el senasa  aprueba los venenos
según los parámetros de la oms
y la oms según investigaciones sobre ratas
le pido a las ratas.
 
Muéranse
por piedad, por nosotros
es más valioso su número de muertes
 que de sobrevida
no aguanten, muéranse
si no,
nosotros  deberemos aguantar
nuestros niños, los bebes,
los bebes no nacidos
deberán aguantar
no seremos felices  aguantaremos
no seremos eruditos   aguantaremos
no daremos flor  aguantaremos
con cáncer, enfermos, mocosos, deformes
 quemados como las plantas
muriendo  como ratas.



Ante la Justicia

Ana dijo que sí. Se acepta culpable de matar a la rata.

Ana:_ Sabía dónde estaba el arma, sí, ese día la necesite señor juez. Ese día la usé por primera vez. Si, yo la maté. Nadie, nadie más señor; el niño me dijo dónde tenía el nido solamente. Si, estaba preñada, sé lo que dijo el forense, son muy prolíficas, lo sé. Era gris, era enorme. No, no me da pena señor.

En el SUM del comedor estaba la flaca y el Marcos haciendo lo de los afiches para el festival, después llegó Ana y se fue a la cocina a calentar el agua para unos mates, ahí encuentra a los nenes, unos hermanitos que siempre vienen a los talleres y a la copa de leche, estaban como escondidos y la Ana se queda hablando con ellos hasta que se escuchan unos gritos tremendos del más chiquito, si gritos de dolor, ella lo había subido a la bacha para lavarle el piecito que lo tenía mordido por una rata, según lo que dijo el hermano mayor. la Ana sale corriendo furiosa y agarra la moto, se va a lo de marcos busca le revolver y ahí a lo de la casa de los chicos, se escuchan los cuetasos y después vino la policia. 

Ana:_ Yo la imagen que tenía señor juez era ese piecito negro de mugre y  todo mordido el talón y  que yo lo miro al niño a los ojitos que tenían una tristeza y todos mojados.  Ahí vino Marcos. ¡No! ¡¿Qué "con el arma"?!, vino a ver qué pasaba porque el pibe lloraba a los gritos, y su hermano también lloraba. Me preguntó qué había pasado y yo no le dije nada, no me salió palabra, sólo hacer podía, hacer justicia señor juez. Yo sabía de quien era la culpa.


 

Ataque aéreo
 

Una nube que inunda de pánico la ciudad, el ruido más temido.
Amigo sirio, acá siento aviones,
son hidrantes y también son el sonido de la tragedia.
Se incendia el Monte. acá traen el poder del agua. alivio.
Allá llevan el poder del fuego,
son del poder del poderoso, del negocio de la muerte. 
¡Atención!
Va a venir ayuda extraterrestre
 y se van a cagar hasta las patas los malvados de mierda,
los extraterrestres van a tomar a uno de sus héroes antiterroristas,
 lo van a abducir y después él mismo
va a entrar en su trabajo y los va a matar a todos a tiros.
Película de verdad. ya pasó allá.
Entonces que pase algo más real, o menos real,
 que se despierten buenos
sin ganas de ser importantes señores,
con ganas de jugar con sus hijos y de acariciar al perro,
de abrazar un árbol. Sin ganas de poder.
¡Qué venga ayuda extraterrestre! y sea primavera,
un rico olor, una flor que se abre.



No bastaban los cuerpos 
para semejante tarea
mientras algunos salvan vidas
nosotras
nos tomamos de las manos
y danzamos frente al fuego




Con las flores

Si, sigue respondiendo que sí, que le duele.
No se anima a hacer pis,
ni a levantar un plato después de la cena.
En la proa de la cama, contra la pared, se sienta en cuclillas
recomienda a Dios su dolor y el sentimiento.
Estruja las sabanas, se ata el pelo y
cuando entro con las toallas húmedas
busca mis ojos para mirar mi compasión.
No habla, no grita, no cree que eso le vaya a ayudar.
Golpea la cabeza en la pared, retumba, lo vuelve a hacer.
Es mejor gritar.
No le tiene paciencia al dolor, sólo piensa:
"tiene que pasar, tiene que pasar"
El jueves volví de la feria, no estaba en su cama.
Me arrodillé para ver debajo,
estiré el brazo abriendo el placard…
tampoco estaba ahí.
Es como el dolor, busca lugares…
Me asomé a la ventana que da al patio,
descansaba en una reposera bajo el sol
en el casi medio día. Corrí por la sombrilla
y la llevé abierta y girando los colores,
le abaniqué una sombra y la puse al costado.
No se despertó, tomé su mano y pidió un beso,
del adiós, me dijo.
Volví a besarla en la frente y la dejé
con su mirada en mi espalda.
Llegué a la cocina, puse una olla con agua en el fuego
y también le serví agua en su vaso,
volví, se lo entregué con las dos manos.
Vamos adentro, dije.
Está fuerte el sol, dijo ella, pero no se movió.
Acompañame a la cocina, traje alcauciles y tomates.
Se aferró a mi brazo, yo hice todo el esfuerzo
para levantarla, trastabilló y sonrió frente a mi gesto.
Atravesando el patio, nos detuvimos
a la orilla de las flores, ritos,
nos perdonaba el agua hirviendo de los alcauciles.
Un día me dijo “el dolor me afecta todos los sentires, día tras día,”
siempre lo recordaba, pasé mi mano por su espalda, sudaba,
igual podía estar con las flores la siesta entera.




 Conjuro para la muerte a la niña Valentina
 

Niña valentina
te acurruco en mis brazos
acurruco a tu madre
y ella a ti en mi abrazo
 me acurruca mi madre
y mi abuela en su abrazo

hay más y más madres
abrazando abrazando
a tu cuerpito tibio
y vos estás mamando
tu quilo cuatrocientos
entra en tantos abrazos
 no en una caja de zapatos

vos venciste a la muerte
serás hija de todas
serás madre de todos
todas  te alimentamos
todas te acurrucamos
y a tu madre también
y a tu madre también



Caperucita roja
 
le metieron la mano por debajo de la pollera y no pudo hacer nada del susto y la sorpresa. entonces se supo, en todos lados, de que era puta y se dejaba. Ella entraba en su casa y veía a su mamá y a sus hermanos y pensaba que no entendían nada de nada y que podía ser, que era puta porque se dejaba. Las chicas no la acompañaban más hasta la parada del colectivo porque se dejaba, y tarde, a la salida del contraturno la mamá no la pudo ir a buscar. la casa de la abuela quedaba más cerca que la suya,  así que iba yendo, cuando a dos cuadras del cole  vino corriendo por detrás
 
el lobo
era amigo de uno de sexto y se enteró, que ella se dejaba, la siguió y cuando se habían alejado un poco, la tomó fuerte de la muñeca, la tomó tan fuerte de la muñeca… que se rompió para siempre… su vestidito azul, su pelo rubio, sus ojitos que se cierran si la acostas, sus pestañas bien arqueadas… la empujó a la sombra de ese garaje cagado y meado y la puso de espaldas a la pared. Ella no se acuerda, gritó se zafó  se ensució la ropa terminó golpeada y no entendía como había llegado a estar de la mano de su mamá en la comisaría.
 
la madre
lloraba. con tanta rabia y apretaba las muelas tanto que le dolía la cabeza. la lengua dura contra el paladar. banco de cemento. fue largo trámite, burocracia fría en el desconsuelo, pero tanta rabia, que se dio cuenta, venía de tan lejos, su hijita apretando su mochilita de escuela, cesto de flores, con la mirada ida o los ojitos cerrados, y ella con tanta rabia que siguió un impulso y no volvió a su casa, fue a lo de su madre. era de madrugada. muy frio. invierno.

la abuela
sintió los timbrazos y se levantó en camisón, asustada, viejo miedo, el lobo. vió a su hija detrás de las trabas y sintió más fuerte que nunca el rechazo, la misma cara del lobo. el trío de mujeres ya estaba en el comedor. fue la necesidad de tapar el silencio   de volver a lo de siempre   de no enterarse de nada, lo que llevó a la abuelita a tomar el control remoto  y a  prender el bullicio, sprayet. pero la madre apagó la tele. la niña lo lamentó, eran reconfortantes esas voces dobladas. fue más fría que nunca la luz del tuvo  fluorescentes.
Frente a la mesa redonda, aglomerado y melamina, la madre, al lado de la la hija sentada, miró muy fijo a la abuelita y comenzó a hablar: venimos de la comisaria, (la niña no se sacaba la campera roja, para no estar ahí se puso la capucha, y cerró los ojos). vamos a la cama nena, interrumpió la abuela, y la nieta atinó a levantarse, pero la madre le tomó la muñeca y se volvió a sentar de golpe. que se queda acá, dijo la madre en voz fuerte. la abuela se sentó y miró la mesa, las manchas de un simil marmol, escuchó las preguntas sangrantes de su hija, ¿por qué? ¿Por qué le pasó esto?, y le abrieron una herida muy bien tapada y nunca bien cicatrizada, ella también sangraba. hijita, le dijo a la nieta, me pasó también, ahí vino tu madre, pero hay hombres buenos y lo feo se olvida rápido. en un suspiro la madre sintió el alivio que le cortó el aliento para siempre y murió y nació  de nuevo y comenzó  a respirar como una nueva persona, y nadie se dio cuenta que todo eso pasó en un instante en la silla del comedor bajo la luz fluorescente. Escucho la verdad y dejó ir al baño y a dormir en la cama caliente de su abuela a su hija, que se sacó la campera roja, pero no habló, no dijo nada y se acurrucó bajo las colchas.
la luz del día clareando iluminó en la ventanita de la cocina y la abuela abrió el latoso armario con olor a humedad para sacar las galletitas de agua y la mermelada. sirvió mate cocido, y desayunaron juntas, madre e hija, en silencio.



    EL    ARMA

él puso un arma en mi mano abierta
y me dijo:
- esto es así.                             me la hubiera llevado a la boca
                                             en ese momento hasta tragarme                       
                                                      toda la leche de sus balas
pero   entró la duda
como una semilla
en la tierra
    que brotó
 fue árbol
y dio sombra
         a la campesina
que abre un pañuelo
y encuentra un pan fresco
y apoya la espalda
en el tronco erguido.


Esto es así - dijo
y todo lo demás fue ajeno.
yo sentí el metal en mi mano helada
y pensé que debía guardarla rápido
antes de que se me quiebre la mano
como un pedazo de hielo.                                       La envolví en un diario
                                                                      como a unos huevos crudos
                                                                    con el cuidado del verdulero
                                                                             que enrolla el paquete
                                                                              y le hace esos pliegues
                                                                                hermosos
                                                                                      de regalito.           
Salimos de la célula
era tan tarde que no hacía frío
el aire
estaba estacionado
en un tiempo todo nuestro                              
                                                                caminata hacia el último colectivo
                                                                         larga distancia
  

                                              hablaba de la libertad
                                      y la sangre se le llenaba de lágrimas
                                                    y el corazón de fuego
                                                                             ardía
  terminal
     puerta giratoria
de un lado te tengo y del otro
te vas
juego
calesita reclinable
café tibio
bye bye                                                    
                                                                              alejarnos los cuerpos
                                                                        cada uno con un chip gemelo
                                                                          insertado en la médula
                                                                            en el mismo espacio
                                                                              entre las vértebras                                                                         la misma activación programada
                               r e s p o n d e r í a m o s

esa llamada estaba sonando
y debía contestar
de un lado
 escucho al viento
y de este lado,
se levantan las hojas
de la mesa
y se mueve
la llama de la vela

     regresé a casa y solté el bolso
     como a algo para olvidar
     traspapelado
   me lavé las manos,
        comí algo   
       descansé
                                                                       de madrugada
                                                                 el bulto latía                                                                  tuve que abrir el cierre
                                                                   soltar el botón
                                                                   y con la firmeza del deseo
                                                                    abrir el papel hoja a hoja
sobre la mesa                                                                                             
sóla frente al arma                                                ya no buscaba
                                                                       la prueba mágica de que
                                                                si me agarrás del pelo de la nuca
                                                                      bien bien fuerte
                                                                voy a someterme por siempre
que desbordaba poder
como brotando la
sangre del cuello del rey

tuve que sostenerme
con las dos manos sobre la mesa
con las piernas separadas
como esperando
que me palpen los costados

 y empecé a llorar
tan fuerte que gemía

jadeaba
 algo nacía
algo de lo que iba a ocurrir
desde algún lugar
    volvía del futuro
a darme las gracias

                                                                          
COLAGE




















 Manejo
 
me apoyo en la puerta del auto
descanso el cuerpo como un hombre,
que ha trabajado toda una vida,
y aprendió a ser feliz con lo puesto.
un chal, unas medias sucias,
un collar de cuentas guatemalteco,
un dolor de oídos, unas uñas con mugre,
y una falda roja.



Violencia Doméstica

Después de la tormenta diaria, igual salimos a la calle.
Antes, pasamos por el baño,
nos cepillamos los dientes, nos echamos agua en la cara.
Ceremonias, esperando  que se peguen
los pedacitos de nosotras mismas.
Buscamos la llave del auto, un rato buscamos,
Hay pedazos, pedazos nuestros, pedazos de un plato roto
que tiramos a la basura y acomodamos, encontramos, salimos.
Salimos  tratando de estar lo más enteras posibles. 
Recorremos las calles. Hay sol afuera,
hay más autos, hay más conductoras,
que con lentes oscuros, tal vez, también oculten, 
que han salido de sus casas uniendo sus esquirlas,
sacando el seguro de la granada con sus dientes
 y tirándola tras de sí.

 

 ventana

Su brazo iba y venia moviendo la cortina.
a ese ritmo ella podía ver el cielo desde su cama.
A su lado, su bebé Ernesto, y el papá, Sebastían,
en cuero, pegadosdormidos a ella.
Su mano iba y venía,
revolviendo a la noche
como a una gran sopa.
 
Su cuerpo pensaba en bailar
o en correrse un poquito más
y refrescarse con la pared.

Pero Sebastián no se despertaría
 si ella se fuera,
aunque le pase por encima,
no, él seguirá durmiendo.
Y el nene también,
 ella le va a tocar la nariz con su mano
fresca y empapada de noche,
ella va a cuidar siempre a su sueño
y también a su propio sueño, desvelado.





Were
duele
   otro disparo más
en este pueblo
no todos creemos
que vos debés morir
por ser tan joven
o ser tan pobre
vos no debés morir
Were
duele
otro disparo más








 



 pasa un rio gravísimo
adelante nuestro
estamos solos
no nos abrazamos frente al desamparo
de que no nos llevó el agua
mirámos como detrás de la tele
 a z o r a d o s
los pedazos de los puentes.

Vos viste a las hormigas trabajar
y me las mostraste
sentí que me estabas abrazando el miedo
a ser tan fragil
pequeñita
como hormiguita viajera
en esta nave viajadora
de sangre desvordada
 en  ríos crecidos.




inundación
no cambies el curso del cause
suelta
abre canales
como vertientes
que esperan a el llamado del trueno
para despertar
y respira
antes que se escape
el hálito de vida
sumergida




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